Los artesanos del mercado medieval de Tres Cantos nos abren sus puestos

Marionetas, anillos de plomo, empanadas gallegas, quesos, caramelos, bisutería, adornos de arcilla... entre algunas de las variedades

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Tres Cantos, siglos V al XV, el municipio, como el resto de la Península Ibérica, atraviesa el periodo de la Edad Media. Abundan los artesanos, creadores de objetos preciados, a los que dan vida con sus propias manos. Vienen de todas partes de la Península y trabajan la madera, la arcilla, el vidrio o el plomo. Cada pieza es única e irrepetible, ya que no usan moldes, y las máquinas todavía no han llegado a España. La creatividad es su herramienta más poderosa, y el diseño, su atractivo para captar a los compradores, que se acercan curiosos a recorrer los puestos.

Seis siglos después, en pleno siglo XXI, un grupo de mercaderes cristianos y árabes consigue hacer regresar al pasado a este pequeño municipio, donde se instalan por tres días, creando una feria que devuelve los sabores, olores y texturas del medievo.

Nosotros nos acercamos de noche a conocerlo, cuando la actividad se reduce y los mercaderes se preparan para terminar su jornada. Queremos que nos enseñen su arte.

Conocemos a Yolanda, una mercader que trabaja la madera. Ella lleva dos años viniendo a Tres Cantos, y aunque crea gran parte de sus artículos, entre los que se cuentan marionetas y juguetes infantiles, reconoce que “es muy difícil seguir elaborando porque hay mucho mercado con el que competir”.

Nuestro siguiente destino es el puesto de Mariano, un bisutero de anillos de plomo , con dos años de antigüedad en Tres Cantos y una gran variedad de anillos, que elabora él mismo.
También son de producción propia los artículos de Ángel, un trabajador del cobre que asegura que todos sus productos son artesanales; “de los que no quedan”, matiza. Esta es la tercera vez que acude a este mercado.

Para Erika, elaboradora de todo tipo de golosinas, es su segunda vez. Entre sus especialidades nos muestra regalices gigantes, gominolas de fruta, toffes de leche y caramelos de hierbas. En su caso, el negocio es familiar, fruto de una empresa que recorre, de modo itinerante, los mercados de la zona.

Naturelamp es la empresa del siguiente feriante que visitamos en nuestro recorrido. Su dueño: Eduardo Caballero, un artesano que recorre las ferias de todo el país para traer sus productos, hechos en madera y bisutería. Elaboran casi todo y es la tercera ocasión que traen sus productos al municipio.

Acostumbrado a viajar está también Manuel Lozano, que lleva por toda España sus productos típicos de Galicia. Entre sus manjares: pan, empanada gallega, bollería y tartas, que reconoce “vendo muchas”. La preferida de los consumidores, nos cuenta: “es la de Santiago”. 

De más lejos aún viene Rasa Matuliene, una chica lituana que recorre Europa para dar a conocer sus casas de arcilla, elaboradas en su país de origen.

Y entre todos los mercaderes se funden dos culturas, la cristiana y la árabe, representada por los musulmanes, que llegaron a la península en el siglo VIII de la Edad Media.  Ellos se encuentran en los recodos de las calles, atrayendo a los transeúntes con los olores de sus carnes asadas, sus dulces y manjares de oriente.

La nota mágica la ponen los músicos, con sus tambores y trompetas, acompañados de los malabaristas. Con ellos nos despedimos, dejando atrás un mercado en sus últimas horas. Los artesanos han cerrado con éxito tres días de exposición de sus esfuerzos diarios. Se retiran hoy, para elaborar durante la semana todos sus productos y regresar, el próximo fin de semana, a un nuevo lugar donde mostrar sus obras de arte.
 

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