El mercadillo de Tres Cantos, abierto por vacaciones

Casi 30 años lleva ya este mítico mercadillo, que en un comienzo sólo reunía a un puñado de vendedores

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Todos los jueves, desde las 7 a las 15 horas, más de una veintena de puestos llenos de manjares y especialidades en artesanía, marroquinería, floristería, ropa, alimentación o frutería, cubren la Avenida de la Vega (junto al puente central, esquina con Avenida del Parque).
Entre los más veteranos está el frutero Antonio García Amos, cuyo puesto dice “está desde el comienzo en los años 80”, cuando existían dos mercados, uno en la primera fase y otro en la segunda. Las naranjas, sandías y fruta de temporada, es lo más vendido en su puesto.

Justo enfrente se encuentra el artesano Emilio Martín, que hace sonidos con sus "pajarillos", unos botijitos en forma de pájaro que se llenan de agua e imitan su piar. Él dice “llevar en su puesto desde el comienzo”, aunque son tantos años que no recuerda la fecha exacta, “cuando sólo eran 20 vendedores”, puntualiza. Por otro lado, se queja de no vender mucho.
Avanzando avenida arriba llegamos a un puesto de ropa, donde se encuentra Antonio Béjar, que dice que fue de los primeros. Para ellos, se nota la crisis, y asegura que antes “vendían más”.
También de ropa, destaca por su colorido el puesto de María Antonia Hernández, que vende productos importados de la India, desde pantalones, vestidos, bandas del pelo, hasta bolas y diábolos. Ella comenta que las ventas suben en verano, ya que “con el buen tiempo los vecinos se animan a comprar”.
Unos puestos más arriba, encontramos la ropa de verano. Francisco Martínez nos enseña entre cliente y cliente sus bañadores y bikinis mientras murmura “estamos muy liados…”. Él es de los que se ve beneficiado por los meses de verano, ya que su ropa es de temporada, y por tanto, vende más ahora.
La marroquinería es cosa de José Antonio Domínguez e Isabel Martínez, que me enseñan con orgullo sus carteras de cuero, “todo producto nacional”, aseguran, y “con precios más baratos que en grandes superficies”.

En un paseo largo llegamos a “la cola” del mercadillo, donde se sitúan los integrantes más jóvenes. Allí está Antonio Hernández, el florista, cuyo puesto sólo tiene dos meses de vida. Nos enseña con orgullo sus mayores “joyas”: la Guzmania, y la cesta con San Paulia, Areca y Spatiphilum. Para él, el puesto supone un complemento de su tienda habitual, y aunque aún “no tiene mucha experiencia”, tiene  grandes espectativas.

El cierre lo pone la ferretería de Ismael Martín, con sólo tres meses de estancia. Vende sobretodo menaje de cocina y productos para la playa, aunque dice que “se vende menos en verano”, pero está contento.

Dejamos el mercadillo, hasta otro jueves, y con él a sus vendedores, que sólo esperan no pasar mucho calor, y “que no apriete la crisis”.

 

 

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